"El irlandés" e "Historia de un matrimonio"

Dos de los mejores estrenos del año son producciones de Netflix, que tuvieron un paso limitado por cines durante una semana, antes de verse exclusivamente en la plataforma de streaming. Comparto mis críticas de estas extraordinarias películas.


El irlandés (The Irishman) es el retorno del director Martin Scorsese a un terreno que él conoce y explora mejor que nadie: el cine de gangsters. Con 77 años, el director estadounidense baja las revoluciones y nos entrega una obra de un ritmo menos frenético, mucho más reflexivo y melancólico. La película tiene la contundencia de un testamento y el aroma de una confesión tardía.

Quien se confiesa con el espectador es el asesino a sueldo Frank Sheeran (Robert de Niro). Desde un asilo, el anciano hace un repaso por los sucesos más saltantes de su vida, marcada por su estrecha colaboración con el jefe de la mafia Russell Bufalino (Joe Pesci) y el líder sindical Jimmy Hoffa (Al Pacino). Las trayectorias de estos 3 personajes se entrelazan con muchos de los hechos que definieron la historia de la segunda mitad del siglo XX en Estados Unidos. Así se establece que la historia de la mafia es indisociable de la historia del país.

Lejos de repetirse, Scorsese marca distancia de sus anteriores películas de gangsters. Ya no se concentra en el glamour y los lujos de la vida de los mafiosos. Ahora muestra cómo Frank Sheeran se enfrenta al peso de la culpa y el arrepentimiento (especialmente por un crimen que sacudió todos sus cimientos), mientras analiza todos los sacrificios que su trabajo como sicario le trajo en su vida personal, como el alejamiento de su hija Peggy (Anna Paquin), cuyo potente silencio es una condena más dolorosa que cualquier sentencia o que el confinamiento en una prisión o un asilo.

La notable editora Thelma Schoonmaker, habitual colaboradora de Scorsese, logra que las 3 horas y media de duración transcurran con fluidez y precisión, saltando del presente al pasado y alternando los episodios de crimen y violencia con escenas cotidianas, en heladerías, restaurantes, hoteles y casas, donde se forjan relaciones amicales y se ponen a prueba las lealtades.

Tuvieron que pasar 24 años para que Scorsese vuelva a dirigir a Robert De Niro en un largometraje y la larga espera valió la pena. De Niro borda su personaje con la sequedad y frialdad de quien sabe que su misión es llevar a cabo todo lo que le indiquen con sumo cuidado y discreción, sin espacio para la duda o la flaqueza. En sus escenas finales, le otorga a Sheeran una triste serenidad que conmueve y desarma.

En tanto, Al Pacino vuelve a brillar después de mucho tiempo, como el explosivo Jimmy Hoffa, dotándolo de un agudo sentido del humor y una incorregible tendencia a decir siempre lo que piensa. A su lado, Joe Pesci está mucho más contenido, pero igualmente maravilloso. En cada una de sus apariciones, dice muchísimo con pocas palabras y con sus expresivas miradas, dejando siempre mensajes ocultos entre líneas. 

De Niro, Pacino y Pesci dan una clase maestra de actuación. Conducidos por Scorsese, son unos gigantes imbatibles que pasada la barrera de los 70 años tienen la sabiduría y la experiencia para encontrar ángulos diferentes y novedosos en un género tan recorrido como el cine de gangsters. El irlandés es una película grandiosa en su ambición y en su alcance, mostrando al director y sus tres principales intérpretes en la cúspide de su potencia creativa. Calificación: 9/10.


Historia de un matrimonio (Marriage Story) es un relato de (des)amor narrado a través del lente de un espinoso proceso de divorcio. El director y guionista Noah Baumbach expone la evolución de una pareja que intenta llevar una separación amigable, hasta que entran a tallar los abogados de cada uno y la batalla legal se convierte en una guerra cruel y descarnada.

El impecable guion de Baumbach destaca por la elaborada construcción de sus dos protagonistas, a quienes presenta como personas imperfectas, que progresivamente revelan todo el daño que el divorcio va causando en su interior, obligándolos a exhibir facetas desagradables durante un juicio en el que todo vale con tal de ganar. Pero el retrato de ambos personajes es tan entrañable y delicado, que el espectador no siente la necesidad de tomar partido por uno de ellos, sino por ambos como equipo.

Scarlett Johansson está impresionante en el balance de fortaleza y vulnerabilidad que define a su personaje, luciéndose tanto en las escenas de mayor dramatismo, como en los momentos de humor y ternura. Es la mejor actuación de su carrera, la que le traerá todo el reconocimiento que antes le fue esquivo.

En tanto, Adam Driver está igual de sensacional que Johansson, construyendo un personaje que intenta tener siempre el control de todas las situaciones y que se sorprende al conocer sus propios límites, llegando a la desesperación cuando su hijo lentamente se aleja de él. Es una actuación de una exquisita sensibilidad. 

En papeles secundarios, destacan Laura Dern y Ray Liotta como dos abogados que saben cómo utilizar las argucias más punzocortantes para hundir a su oponente. Dern le da unos interesantes matices a su personaje, para mostrarla maternal y comprensiva con su cliente, pero también implacable y agresiva cuando está en el juicio.

No es casual que los personajes de Charlie (Driver) y Nicole (Johansson) sean un director de teatro y una actriz, pues durante el divorcio ella representa un personaje que frente a él se presenta fuerte y decidida aunque esté quebrada por dentro, mientras que él intenta dirigir y manejar todos los elementos como si fuera una obra teatral. Pero terminada la función (el divorcio), ambos cicatrizan sus heridas y solo les queda compartir sentimientos de cariño y gratitud por todo lo compartido. Calificación: 9/10.

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