22 sept. 2013

Una travesía mental sin arraigo

El espacio entre las cosas es una película peruana que escapa a todos los moldes y clasificaciones. Trata sobre un director que prepara una cinta policial y sus pensamientos se enlazan a una serie de imágenes hipnóticas, propias de un sueño difuso. En esta entrevista, el director Raúl del Busto nos cuenta cómo concibe su propuesta e invita a los espectadores a sentirse en la libertad de interpretar y seguir creando.

Al inicio de la película, una voz en off le pide a los espectadores que "no piensen, sólo sientan". ¿Esta sugerencia invita a desconectar completamente la razón?

Invita a no condicionar, a que afrontemos las cosas sin los filtros, los filtros son los pensamientos. Invitamos a ver y oír sin pensar.

El ganador de la Palma de Oro Apichatpong Weerasethakul dijo sobre la película: "Por momentos sentí que mis sueños saltaban a la pantalla". ¿Concebiste el film como un viaje onírico?

Sí, algo así, una especie de travesía mental donde no hay arraigo, donde no hay seguridades de lugar y tiempo, donde no podemos predecir qué será lo siguiente. Ese flujo constante, esa falta de permanencia que es propia del sueño y de la ilusión, me interesaba para El espacio entre las cosas.

¿El guion sufrió grandes cambios durante la filmación, a partir de los hallazgos que encontraste con la cámara?

La cámara prácticamente ha sido mi guión, gran parte de la película ha sido escrita directamente con la cámara. Me entreno en la reacción, no en la planificación.

Destaca la gran variedad de locaciones: Iquitos, Cuzco, México, Barcelona, etc. ¿Qué elementos tienen en común todas estas ciudades?

Creo que los elementos comunes son el simple hecho de que sean espacios y que haya una presencia. En el fondo, todo es lo mismo.

En la película se marcan distintos contrastes: ficción y documental, sueño y realidad, campo y ciudad, silencio y ruido. ¿Intencionalmente buscabas mostrar extremos opuestos?

Buscaba la inefabilidad, buscaba lo que está más allá de las palabras, lo que está más allá de la clasificación. Buscaba confianza en el caos y, finalmente, buscaba pero sin buscar, simplemente estando presente. Ser presencia con la cámara.

El sonido del film es uno de sus grandes atractivos: la música, el sonido ambiental, la voz en off. ¿Consideras que el cine contemporáneo nos ha acostumbrado más a ver que a prestar atención a lo que oímos?

Quizás se le dé más importancia a la imagen que al sonido, pero ambos, imagen y audio se potencian mutuamente, hay que formar el hábito de la atención plena, es dañino jerarquizar uno por sobre el otro. El asunto está en tratar de ver las cosas de manera propia, sin creencias de otro. Sentirse en la libertad de interpretar, de construir, de continuar creando, creo que eso es lo que se le quiere brindar al espectador con la película.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

 Por la experiencia vivida, prefiero no referirme a futuros proyectos, que se conozcan cuando estén listos.

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