La confluencia de los distintos significados de gracia

La Grazia (Italia, 2025) es un bienvenido cambio de registro en la filmografía del cineasta italiano Paolo Sorrentino, quien le baja el volumen a sus habituales regodeos formales y controla su obsesión por priorizar la estética por encima de la narración, para confeccionar su película más contenida, clásica y sobria hasta la fecha, al tiempo que reflexiona sobre la vida, la muerte y el legado de un hombre en el poder.

Mariano De Santis (Toni Servillo) es el presidente de la República Italiana. Seis meses antes de dejar el cargo, se enfrenta al dilema moral de si debe firmar o no tres documentos polémicos: una ley a favor del derecho a la eutanasia, así como los indultos a dos personas acusadas de asesinar a sus respectivas parejas, en circunstancias que ameritan una revisión a fondo.


El director y guionista Paolo Sorrentino (La gran belleza, Fue la mano de Dios) siempre ha estado fascinado con el poder: el de los políticos o el de las celebridades del deporte o el arte. Luego de abordar relatos centrados en los primeros ministros Giulio Andreotti en Il divo y Silvio Berlusconi en Loro, en La Grazia opta por crear el retrato de un presidente ficticio: un ex jurista católico, demócrata, respetuoso de la ley, honesto y alejado de cualquier tipo de escándalo de corrupción. O sea, una rara avis dentro del panorama de presidentes que gobiernan el mundo en la actualidad.

Sin embargo, Sorrentino evita la hagiografía y su protagonista Mariano De Santis está lejos de ser un santo o una presencia arrebatadora. Por el contrario, es un hombre enfrentado no solo a los dilemas morales de las leyes e indultos que debe evaluar, sino a las sombras de su propio pasado, ya que extraña terriblemente a su esposa fallecida hace 8 años y aún lo consumen los celos por la infidelidad que ella cometió alguna vez. Sorrentino acierta en ese adecuado balance entre la exploración de la esfera pública y privada de un gobernante.


El extraordinario actor Toni Servillo compone uno de los mejores personajes que ha interpretado bajo las órdenes de Sorrentino. Con mucha humanidad, curiosidad y discreta sabiduría, Servillo llena de matices a un hombre tan solemne y apocado que su apodo en los pasillos del palacio presidencial es “Hormigón armado”. Pero mientras en público se muestra como un mandatario sobrio y de perfil bajo, en privado se relaja escuchando hip hop u observa con fascinación a un astronauta suspendido en la ingravidez del espacio sideral.

La Grazia plantea debates éticos, legales y filosóficos con respecto a la eutanasia y al perdón de los criminales, mientras analiza cómo las leyes pueden dictaminar sobre las zonas grises de la vida y la muerte que nos atañen a los seres humanos. En ese sentido, el título adquiere múltiples lecturas conforme se interpretan los distintos significados de la palabra gracia: las cualidades que hacen agradable a una persona, el perdón o el indulto a un prisionero, la benevolencia de un gobernante y la afabilidad en el trato con las personas. Todas esas definiciones confluyen en el protagonista de esta película que sabe calibrar bien el drama y el humor, o, dicho de otra forma, la solemnidad y la gracia.

Calificación: 7/10.

Esta película está actualmente en la cartelera peruana.

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